Si hay películas que marcan, que dejan un aroma en generaciones, Casablanca merece estar entre ellas. Con escenas míticas, con un derrotado Bogart y una Ingrid Bergman en un combate contra ella misma, el humo y la niebla, la nostalgia y la esperanza es una película que siempre se puede volver a ver.
Cada matiz del film, cada nota de piano, cada melodía (“tócala otra vez, Sam”) me llevan cada vez que la veo a esperar un nuevo final (“Siempre nos quedará París”). No obstante… su conclusión no decepciona (“Intuyo que éste es el comienzo de una gran amistad”).
No pasarán los años por esta obra maestra, y todos nos sentiremos un poco Ricky mientras vemos despegar el avión con Lisa, cada vez que la veamos.
Disfruta con su canción y sus mejores escenas.